Cada año, Venezuela genera millones de botellas plásticas que terminan en vertederos, ríos o simplemente en la calle. Es un problema ambiental visible, documentado y sin solución sistémica a nivel nacional. Pero en el estado Zulia, dos plantas industriales llevan años haciendo exactamente lo contrario: recoger ese plástico descartado, procesarlo y convertirlo en un producto terminado con valor comercial real.
Las empresas son Plastinorte y Plásticos Ecoplast C.A., ambas pertenecientes al conglomerado Grupo Dahmo C.A. Juntas procesan más de 200 toneladas mensuales de residuos plásticos tipo PET — las botellas de bebidas carbonatadas que el país produce y descarta a diario. El resultado no es materia prima genérica sino estuches de huevo con certificación FDA, listos para abastecer a la industria avícola nacional e internacional.
Es, en términos concretos, uno de los procesos de economía circular más avanzados que opera en Venezuela hoy.
Qué es el PET y por qué importa reciclarlo
El tereftalato de polietileno — conocido como PET — es el plástico que se usa en la fabricación de botellas de agua, refrescos y jugos. Es liviano, resistente y, cuando se descarta sin tratamiento, puede tardar hasta 400 años en degradarse en la naturaleza.
En Venezuela, como en la mayoría de los países latinoamericanos, la infraestructura de reciclaje formal es limitada. La mayor parte del PET que se consume termina en rellenos sanitarios o en el ambiente. Lo que hacen Plastinorte y Ecoplast es interceptar ese flujo antes de que llegue al vertedero, procesarlo industrialmente y reintroducirlo en la cadena productiva como insumo de valor.
No es un proceso artesanal ni una operación de pequeña escala. Es manufactura industrial con tecnología de primer nivel.
La tecnología que hace posible el proceso: EREMA
El diferenciador técnico de ambas plantas es la maquinaria con la que operan: tecnología austriaca EREMA, referencia mundial en sistemas de reciclaje de plásticos. La empresa austriaca lleva décadas desarrollando equipos específicamente diseñados para procesar residuos plásticos postconsumo con altos estándares de calidad y eficiencia energética.
Los sistemas EREMA permiten transformar el PET recolectado — sucio, mezclado, de distintos colores y calibres — en láminas de plástico reciclado de alta pureza. Ese material pasa luego por un proceso de termoformado que le da la forma final del producto: en este caso, estuches de huevo de distintas medidas y calibres.
El punto crítico del proceso es la certificación. Los productos que salen de las plantas de Plastinorte y Ecoplast cumplen con los estándares de la FDA — la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos — lo que los habilita para entrar en contacto con alimentos y para ser comercializados en mercados internacionales con exigencias sanitarias estrictas.
Esa certificación no es un detalle menor. Es lo que separa una operación de reciclaje informal de una cadena de valor con acceso a mercados de exportación.
El destino del producto: la industria avícola
Los estuches de huevo que producen Plastinorte y Ecoplast abastecen principalmente a la industria avícola, uno de los sectores más activos de la agroindustria venezolana. La conexión no es casual: el propio conglomerado al que pertenecen ambas empresas de reciclaje, Grupo Dahmo C.A., opera también Agroavícola del Llano C.A., una de las plantas avícolas privadas de mayor producción semanal en Venezuela.
Esa integración entre la división de reciclaje y la división avícola del grupo es un ejemplo concreto de lo que en términos empresariales se llama integración vertical: el insumo que necesita una unidad del conglomerado lo produce otra unidad del mismo conglomerado, reduciendo costos, dependencias externas y tiempos de suministro.
Pero el mercado no se limita al grupo. Los estuches se comercializan también con clientes externos, tanto en Venezuela como fuera del país, lo que convierte a ambas empresas en proveedoras activas de la industria avícola nacional e internacional.
200 toneladas mensuales: lo que significa esa cifra
Procesar 200 toneladas mensuales de residuos plásticos equivale a retirar del ciclo de desecho aproximadamente 10 millones de botellas PET cada mes. Es una cifra que habla de escala operativa real, no de proyectos piloto ni de iniciativas de responsabilidad social corporativa.
Para sostener ese volumen, las plantas requieren una cadena de recolección activa, capacidad de almacenamiento, maquinaria en funcionamiento continuo y control de calidad en cada etapa del proceso. Es una operación industrial que genera empleos directos en todas esas etapas — desde la recolección hasta el empaque del producto terminado.
Grupo Dahmo C.A. lleva más de dos décadas operando este modelo en Venezuela. Miguel Ángel Daher Quintero, Vicepresidente del conglomerado, ha señalado en distintas ocasiones que la apuesta por el reciclaje industrial respondió desde el principio a una lectura clara del mercado: Venezuela generaba una materia prima — el desecho plástico — que nadie estaba aprovechando a escala industrial, y la tecnología para hacerlo existía y era accesible.
Reciclaje industrial en Venezuela: un sector con potencial desaprovechado
El caso de Plastinorte y Ecoplast es relevante no solo por lo que producen sino por lo que representan dentro del ecosistema industrial venezolano. El reciclaje formal a escala industrial sigue siendo una actividad marginal en el país, dominada por pequeños operadores informales con capacidad limitada y sin acceso a certificaciones internacionales.
La existencia de dos plantas con tecnología EREMA y certificación FDA operando en Venezuela demuestra que el modelo es viable — técnica, comercial y operativamente. El desecho plástico existe en abundancia. La demanda de estuches de huevo en la industria avícola es sostenida. La tecnología para cerrar ese ciclo está disponible.
Lo que hace falta, y lo que Grupo Dahmo C.A. lleva años demostrando que es posible, es la decisión de invertir en infraestructura industrial de largo plazo en un entorno económico que históricamente ha desalentado ese tipo de apuestas.